abril 19, 2009

HERMANAS PIONERAS


Hermana María del Pilar, nació en la ciudad de Temuco, el 29 de Enero de 1899, y consagró 60 años de su vida en la Congregación de las Hermanas de la Providencia, a llevar la Buena Noticia, con alegría, generosidad y ardor misionero a quienes ella llamaba los “predilectos de Dios”.

Con su alma de niña, llegó a todos los rincones donde había un servicio que prestar o una lágrima que enjugar. Allí procuró siempre dejar una semillita la que a través del tiempo ha brotado. Muchas anécdotas y testimonios cuentan cómo ella, a lo largo de toda su vida, trató siempre de vivir en la verdadera alegría de los hijos e hijas de Dios

Falleció en la enfermería provincial el 2 de Agosto de 1983. Su concurrido funeral fue un claro testimonio para decir que ella cosechó lo que sembró. Al hacer un resumen de su vida, se puede decir con Guy de Larigaudie: “Mi vida entera no ha sido más que una larga búsqueda de Dios. Por todas partes, siempre, a todas horas, he buscado su huella o su presencia. La muerte no será para mí más que un maravilloso encuentro”.

Herencia:

Hermana María del Pilar, fue una Apóstol y misionera incansable, ni su salud, ni sus años, le impidieron salir por los campos y montañas, a caballo o en carreta para evangelizar, contagiar con su alegría, llevar palabras de consuelo y esperanza, especialmente a los más necesitados, de quienes se expresaba con cariño y respeto reconociendo en ellos y ellas a las personas privilegiadas del amor de Dios.

El testimonio de su vida, nos anima a ser mujeres arriesgadas y alegres en el compartir la Buena Nueva.

Gracias Hna. María del Pilar, por tu ejemplo de vida que nos invita a ir hacia los más necesitados de nuestras sociedades y ser como tú reflejo del amor misericordioso de la Providencia.

1 comentarios:

Gloria dijo...

Desde que ingresé a la comunidad como religiosa, siempre escuché hablar de Hna. Pilar, de esto hace 23 años. Qué alegría verla nuevamente como testimonio de amor y entrega al Señor en este blog; que su ejemplo nos anime a vivir en plenitud nuestra consagración en bien de los más necesitados de nuestra sociedad y su testimonio sea fuente fecunda de amor para las jóvenes y los jóvenes de nuestro tiempo que buscan a Jesús en su corazón.